

Los amantes del arte culinario son, sobre todo, educadores. No sólo disfrutan de preparar y comer todo tipo de exquisiteces, sino que insisten en que los demás también lo hagan. Muchas veces valiéndose de tretas y engaños. Toda persona quisquillosa con la comida ha sido sorprendida alguna vez con la tardía noticia de que la comida contenía algún ingrediente indeseable. Ha sido informada, con una sonrisa socarrona, de que por sus entrañas circulaban apestosos vegetales, viscosos animalejos o nauseabundas vísceras cuya presencia en el manjar no había sido percibida.
Y aquí estos platos para estas víctimas, en dos versiones de color, que dicen cosas como "¿Te dije que hoy cambié la receta y le puse..." o "Uy! Me olvidé de preguntarte si te gustaba..."
Gracias a C.V. y A.U., felices poseedoras de estos platos y fuentes.













































